viernes, 15 de septiembre de 2017

Audio-Poema La Poesía de Eugenio Montejo

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Poemas La Poesía y La Tierra Giró de Eugenio Montejo









La Poesía

La poesía cruza la tierra sola, 
apoya su voz en el dolor del mundo
y nada pide
        -ni siquiera palabras.

LLega de lejos y sin hora, nunca avisa;
tiene la llave de la puerta.
Al entrar siempre se detiene a mirarnos.
Después abre su mano y nos entrega
una flor o un guijarro, algo secreto, 
pero tan intenso que el corazón palpita
demasiado veloz. Y despertamos.




La Tierra Giró


La tierra giró para acercarnos,
giró sobre sí misma y en nosotros,
hasta juntarnos por fin en este sueño,
como fue escrito en el Simposio.
Pasaron noches, nieves y solsticios;
pasó el tiempo en minutos y milenios.
Una carreta que iba para Nínive
llegó a Nebraska.
Un gallo cantó lejos del mundo,
en la previda a menos mil de nuestros padres.
La tierra giró musicalmente
llevándonos a bordo;
no cesó de girar un solo instante,
como si tanto amor, tanto milagro
sólo fuera un adagio hace mucho ya escrito
entre las partituras del Simposio.



viernes, 28 de julio de 2017

Poemas Mi Libertad Por Unos Versos y Autorretrato de Ismael Cerna


                                             Mi Libertad Por Unos Versos

¿Y qué? Ya ves que ni moverme puedo
y aún puedo desafiar tu orgullo vano.
¡A mí no logras infundirme miedo
con tus iras imbéciles, tirano!

Soy joven, fuerte soy, soy inocente
y ni el suplicio ni la lucha esquivo;
me ha dado Dios un alma independiente,
pecho viril y pensamiento altivo.

Que tiemblen ante ti los que han nacido
para vivir de infamia y servidumbre,
los que nunca en su espíritu han sentido
ningún rayo de luz que los alumbre;
Los que al infame yugo acostumbrados
cobardemente tu piedad imploran;
los que no temen verse deshonrados
porque hasta el nombre del honor ignoran.
Yo llevo entre mi espíritu encendida
la hermosa luz del entusiasmo ardiente;
amo la libertad más que la vida
y no nací para doblar la frente.

Por eso estoy aquí do altivo y fuerte
tu fallo espero con serena calma;
porque si puedes decretar mi muerte,
nunca podrás envilecerme el alma.

¡Hiere! Yo tengo en la prisión impía
la honradez de mi nombre por consuelo.
¿Qué me importa no ver la luz del día
si tengo en mi conciencia la del cielo?
¿Qué importa que entre muros y cerrojos
la luz del sol, la libertad me vedes,
si ven celeste claridad mis ojos,
si hay algo en mí que encadenar no puedes?

Sí, hay algo en mí más fuerte que tu yugo,
algo que sabe despreciar tus iras
y que no puedes sujetar, verdugo,
al terror que a los débiles inspiras.

¡Hiere…! Bajo tu látigo implacable,
débil acaso ante el dolor impío,
podrá flaquear el cuerpo miserable,
pero jamás el pensamiento mío.

Más fuerte se alzará, más arrogante
mostrará al golpe del dolor sus galas:
el pensamiento es águila triunfante
cuando sacude el huracán sus alas.

Nada me importas tú, furia impotente,
víctima del placer, señor de un día;
si todos ante ti doblan la frente
yo siento orgullo en levantar la mía.

Y te apellidas liberal, ¡bandido!
tú que a las fieras en crueldad igualas,
tú que a la juventud has corrompido
con tu aliento de víbora que exhalas.
Tú que llevas veneno en las entrañas,
que en medio de tus báquicos placeres,
cobarde, ruin y criminal te ensañas
en indefensos niños y mujeres.
Tú que el crimen ensalzas y encarneces
al hombre del hogar, al hombre honrado;
tú, asesino, ladrón, tú que mil veces
has merecido la horca por malvado.
Tú ¡Liberal…! Mañana que a tu oído
con imponente furia acusadora
llegue la voz del pueblo escarnecido
tronando en tu conciencia pecadora…

Mañana que la patria se presente
a reclamar sus muertas libertades
y que la fama pregonera cuente
al asombrado mundo tus maldades;
al tiempo que maldiga tu memoria
el mismo pueblo que hoy tus plantas lame,
el dedo inexorable de la historia
te marcará como a Nerón, ¡infame!

Entonces de esos antros tenebrosos
donde el honor y la inocencia gimen;
donde velan siniestros y espantosos
los inicuos esbirros de tu crimen;
de esos antros sin luz y estremecidos
por tantos ayes de amargura y duelo;
donde se oye entre llantos y gemidos
el trueno de la cólera del cielo,
con aterrante voz, con prolongada
voz, que estremezca tu infernal caverna
se alzará cada víctima inmolada
para lanzarte maldición eterna.

En tanto, hiere déspota, arrebata
la honra, la fe, la libertad, la vida;
tu misión es matar: ¡sáciate, mata
mata y báñate en sangre fratricida!
mata, Caín, la sangre que derrames
entre gemidos de dolor prolijos
¡oh! Infame, el mayor de los infames,
irá a manchar la frente de tus hijos.
Aquí tienes también la sangre mía,
Sangre de un corazón joven y bravo,
No quiero tu perdón me infamaría…
Mártir prefiero ser, a ser esclavo.
¡Hiéreme a mí que te aborrezco, impío!
a ti que con crueldades inhumanas
mandaste a asesinar al padre mío
sin respetar sus años, ni sus canas.

Quiero que veas que tu furia arrostro
y sin temblar que agonizar me veas,
para lanzarte una escupida al rostro
y decirte al morir: maldito seas.


Autorretrato


De un terso espejo ante la plancha clara
contemplándome estoy, y estoy tan fiero,
que a no ser por lo mucho que me quiero
lleno de indignación me abofeteara.
 Una cara más larga que una vara,
cuerpo maltrecho, canillas que hacen cero,
un conato de frente, un ojo huero
y una nariz más larga que la cara.
 Conjunto ruin, fealdad tan insolente;
al contemplar mi bárbara escultura
se me desgarra el corazón cruelmente;
 mas al ver tan horrible desventura
tengo un consuelo y, pásmese la gente,
soy de mi pueblo la mejor figura.

Poema Amor, Cuando Yo Muera y Credo de Aquiles Nazoa



Amor, Cuando Yo muera

Amor, cuando yo muera no te vistas de viuda,
ni llores sacudiéndote como quien estornuda,
ni sufras «pataletas»
que al vecindario alarmen,
ni para prevenirlas compres gotas del Carmen.

No te sientes al lado de mi cajón mortuorio
usando a tus cuñadas
como reclinatorio;
y cuando alguien, amada, se acerque a darte el pésame,
no te le abras de brazos en actitud de ¡bésame!

Hazte, amada, la sorda cuando algún güelefrito dictamine,
observándome, que he quedado igualito.
Y hazte la que no oye ni comprende ni mira
cuando alguno comente que parece mentira.

Amor, cuando yo muera no te vistas de viuda:
Yo quiero ser un muerto
como los de Neruda;
y por lo tanto, amada, no te enlutes ni llores:
¡Eso es para los muertos esülo Julio Florez!

No se te ocurra, amada, formar la gran «llorona»
cada vez que te anuncien que llegó una corona;
pero tampoco vayas a salir de
indiscreta a curiosear el nombre que üene la tarjeta.

No grites, amada, que te lleve conmigo
y que sin mí te quedas
como en «Tomo y obligo»,
ni vayas a ponerte, con la voz desgarrada,
a divulgar detalles de mi vida privada.

Amor, cuando yo muera no hagas lo que hacen todas;
no copies sus estilos, no repitas sus modas:
Que aunque en nieblas de olvido quede mi nombre extinto,
¡sepa al menos el mundo que fui un muerto distinto!

Credo

Creo en Pablo Picasso, Todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra; 

creo en Charlie Chaplin, hijo de las violetas y de los ratones, 
que fue crucificado, muerto y sepultado por el tiempo , 
pero que cada día resucita en el corazón de los hombres, 
creo en el amor y en el arte como vías hacia el disfrute de la vida perdurable, 
creo en el amolador que vive de fabricar estrellas de oro con su rueda maravillosa, 
creo en la cualidad aérea del ser humano, 
configurada en el recuerdo de Isadora Duncan abatíendose 
como una purísima paloma herida bajo el cielo del mediterráneo; 
creo en las monedas de chocolate que atesoro secretamente 
debajo de la almohada de mi niñez; 
creo en la fábula de Orfeo, creo en el sortilegio de la música, 
yo que en las horas de mi angustia ví al conjuro de la Pavana de Fauré, 
salir liberada y radiante de la dulce Eurídice del infierno de mi alma, 
creo en Rainer María Rilken héroe de la lucha del hombre por la belleza, 
que sacrificó su vida por el acto de cortar una rosa para una mujer, 
creo en las flores que brotaron del cadáver adolescente de Ofelia, 
creo en el llanto silencioso de Aquiles frente al mar; 
creo en un barco esbelto y distantísimo 
que salió hace un siglo al encuentro de la aurora; 
su capitán Lord Byron, al cinto la espada de los arcángeles, 
junto a sus sienes un resplandor de estrellas, 
creo en el perro de Ulises, 
en el gato risueño de Alicia en el país de las maravillas, 
en el loro de Robinson Crusoe, 
creo en los ratoncitos que tiraron del coche de la Cenicienta, 
el beralfiro, el caballo de Rolando, 
y en las abejas que laboran en su colmena dentro del corazón de Martín Tinajero, 
creo en la amistad como el invento más bello del hombre, 
creo en los poderes creadores del pueblo, 
creo en la poesía y en fin, 
creo en mí mismo, puesto que sé que alguien me ama.


 

miércoles, 26 de julio de 2017

Frank O'hara poemas Por Qué No Soy Pintor y Beber Una Coca Contigo


                 Por qué no soy pintor
No soy pintor, soy poeta.
¿Por qué? Creo que preferiría
ser pintor, pero no lo soy. Y bueno, 

por ejemplo, Mike Goldberg
empieza un cuadro. Paso a visitarlo.
“Siéntate y bebe algo”, me
dice. Bebo; bebemos. Alzo
la mirada. “Dice SARDINAS”.
“Sí, le faltaba algo ahí”.
“Ah”. Me voy y pasan los días
y otra vez paso a visitarlo. El cuadro
sigue su curso, y me voy, y pasan
los días. Paso a visitarlo. El cuadro está
terminado. “¿Qué fue de SARDINAS?”.
Tan solo quedan letras
sueltas, “Era demasiado”, dice Mike.

¿Y yo? Un día pienso en
un color: naranja. Escribo un verso
sobre el naranja. Muy pronto hay una
página entera de palabras, no unos versos.
Después, otra página. Debería haber
mucho más, no más del naranja, más
palabras, sobre cuán terribles son el naranja
y la vida. Pasan los días. Hasta está en
prosa, soy un poeta auténtico. El poema
está terminado y aún no mencioné
el naranja. Son doce poemas, lo llamo
naranjas. Y un día en una galería
veo el cuadro de Mike, se llama SARDINAS.



                                   Beber una Coca contigo
es todavía más divertido que ir a San Sebastián, Irún, Hendaye, Biarritz, Bayonne
o tener náuseas en la Travesera de Gracia en Barcelona
en parte a causa de que con tu camisa naranja eres como un mejor y más alegre San Sebastián
en parte a causa de mi amor por ti, en parte a causa de tu amor por el yogur
en parte a causa de los tulipanes de naranja fluorescente alrededor de los abedules
en parte a causa del misterio que adquieren nuestras sonrisas ante la gente y las estatuas
cuando estoy contigo es difícil creer que pueda existir algo tan inmóvil
tan solemne tan desagradablemente definitivo como una estatua mientras que justo frente a ella
bajo la cálida luz de Nueva York de las 4 en punto deambulamos
por aquí y allá
entre uno y otro como un árbol que respira a través de sus lentes

y en la exposición de retratos parece no haber absolutamente ningún rostro, solo pintura
de pronto te preguntas por qué demonios alguien los hizo
                                                                                                             te miro
a ti y preferiría mirarte a ti que a todos los retratos del mundo
tal vez con la excepción del Jinete polaco de vez en cuando y que de todos modos está en el Frick
al que todavía no fuiste gracias a Dios así que podremos ir juntos por primera vez
y el hecho de que te mueves de una manera tan hermosa más o menos resuelve el Futurismo
igual que estando casa nunca pienso en el Desnudo bajando una escalera o
estando en un ensayo en ese dibujo de Leonardo o Miguel Ángel que solía maravillarme
y de qué les sirven a los Impresionistas todas las investigaciones sobre ellos
si nunca encontraron a la persona indicada con la cual pararse junto al árbol al caer el sol
o para el caso a Marino Marini si no eligió al jinete con el mismo cuidado 
que al caballo
                          parece que todos ellos fueron privados de alguna experiencia maravillosa
la cual yo no voy a desperdiciar razón por la cual te lo estoy diciendo